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domingo, 1 de marzo de 2009

Google para cuaimas

Y ocurrió lo peor. Después de semanas de probar el Google Latitud en mi Blackberry la aplicación se popularizó y se desvirtuó. Fue durante un almuerzo, lo recuerdo claramente, cuando caí en cuenta de los peligros de la aplicación que permite -si el usuario lo acepta en las opciones generales del programa- indicarle a su lista de contactos su ubicación en el mapa con un rango de error, por lo menos en Caracas, de 500 metros.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, no lo puedo dudar. Al comentar las ventajas de la aplicación -en este punto imagínense a un niño de cinco años que le narra a sus padres lo que puede hacer su nuevo juguete- y fantasear con todas las ventajas del Google Latitud, especialmente en un país tan desordenado como Venezuela, una amiga interrumpió mi fantasía tecnológica con una pregunta aterradora: "¿Y con eso puedo saber en dónde está mi Alejandro?". Lo puede jurar, esa interrogante provocó que pasara de ser un niño de cinco años emocionado, a un hombre de 32 años muy preocupado.
Las risas de los otros comensales se dispararon. Yo preferí guardar silencio. Después de unos segundos de duda tuve que ofrecer una respuesta políticamente correcta: "Si él instala la aplicación y la configura para mostrarte su ubicación, efectivamente puedes saber en dónde se encuentra".
Mi respuesta políticamente correcta generó otra duda aún más aterradora: "¿Y yo puedo saber si mi Alejandro está ocultándome su ubicación?". Las risas del resto de comensales volvieron a estallar. No obstante, mientras otros reían mi preocupación aumentaba, por lo que tuve que ofrecer una respuesta aún más política y aun más correcta: "No lo sé".
Por el tipo de trabajo que desarrollo suelo pasar buena parte de mi jornada laboral, al igual que el resto de mis amigos, fuera de la oficina. En la noche de ese fatídico día me tocó seguir presenciando lo que pueden ser los efectos perversos del Google Latitud en manos inescrupulosas: Otra amiga, fanática de la tecnología, se negaba a aceptar a su jefe en la lista de contactos de Google Latitud, su argumento para rechazar la petición era sencillo: "No quiero que sepa en dónde estoy las 24 horas del día". El argumento del jefe también era sencillo: "Sólo quiero probar el programa". Así transcurrió la velada, sin un punto de acuerdo entre ambos. Ignoro si a la fecha mi amiga logró preservar su privacidad o si vía memo el jefe consiguió su objetivo.
Pasaron los días y preferí guardar silencio sobre la aplicación. En secreto disfrutaba de ella, pero sin comentarla con nadie más y sin agregar a otro amigo, conocido o similar en la lista de contactos para seguir probando el programa. Una mañana, en el cafetín de la universidad, ya no tuve ninguna duda del peligro asociado al Google Latitud. Una alumna se acercó a interrumpir mi primer café de la mañana, su rostro reflejaba la preocupación de alguien que llevaba varias horas sin dormir. Imaginé que el tormento de finalizar el semestre sería el causante. No obstante, su pregunta fue aún más demoledora que la de aquel almuerzo: "¿Profe, usted sabe cómo compruebo si mi novio tiene configurado su Google Latitud para mostrarme que está en una ubicación fija y no en su ubicación real?".
Por unos segundos me volví a quedar sin aliento. Mi respuesta trató de ser totalmente técnica: "En las opciones de privacidad del programa puedes definir tres niveles: Que la ubicación se detecte automáticamente, ocultar tu ubicación o seleccionar manualmente una ubicación".
A medida que daba mi explicación técnica los ojos de mi interlocutora se agrandaban y su cara de preocupación se transformaba en el típico rostro de una mujer enfadada. "Entonces es verdad -interrumpió mi monólogo sobre la necesidad de respetar la privacidad de otras personas- anoche se fue para Sawu y configuró el Blackberry para indicarme que estaba en su casa".
Ignoro si la deducción fue correcta. No obstante, de una cosa sí estoy seguro: los celópatas -tanto hombres como mujeres- acaban de encontrar una nueva razón para "disfrutar" de la vida.
Lo reconozco. Es injusto culpar a Google de los temores que he acumulado en las últimas semanas. Antes que se popularizara el Latitud ya existían una infinidad de programas similares que nunca se popularizaron (en las páginas www.mobnotes.comwww.ipoki.com y http://bdnooz.com/lbsn-location-based-social-networking-links/ hay una muestra de ellos). En el caso del Latitud seguramente ocurrirá lo contrario. No dudo que Google logrará vencer el rechazo a estas aplicaciones y convertirá el Latitud en algo común, como sucede hoy en día con el Facebook para Iphone y Blackberry.
Suelo defender la tecnología, siempre y cuando esté bien empleada. Con la proliferación de los Smartphone los padres pueden tener una herramienta única para verificar en dónde se encuentran sus hijos. Incluso, si la aplicación es aceptada en forma masiva, la potencialidad para desarrollar servicios basados en localización es extremadamente interesante. Incluso podríamos estar ante el nacimiento de una tecnología que nos permitirá usar datos de ubicación desde múltiples aplicaciones, con un concepto similar al que se emplea en la plataforma FireEagle de Yahoo, especialmente si se desea desarrollar grupos de negocios basados en información de localización.
No obstante no dejo de preocuparme en el futuro: Aunque la propuesta para preservar la privacidad del Google Latitud es excelente porque está basada en la decisión del usuario de compartir su localización, no todas las dudas se pueden resolver en las opciones de la aplicación: ¿Cómo preservas tu privacidad si te obligan a usar el programa? ¿Cómo te defiendes de un superior que desea tenerte ubicado las 24 horas del día? ¿Cómo le explicas a una novia, esposa, amante -acá poco importa el título- que no vas a instalar el Latitud?, ¿será suficiente decir que la aplicación consume batería y megas del plan de datos para no sentir que el mundo te está observando?

domingo, 18 de enero de 2009

Ahora me llamo 242A446B

La moda por usar blackberry llega al extremo de ser ridícula y peligrosa. No me malinterpreten, no estoy en contra de la tecnología; al contrario, puedo parecer adicto a ella, al punto que tengo equipos de Research In Motion, para los panas RIM (la empresa que produce los codiciados blackberry) desde el año 2000 cuando comencé a utilizar el ahora esperpéntico y antiguo t-motion.
En los últimos ocho años he tenido dos t-motion y tres blackberry y siempre los he catalogado como equipos ideales para personas que suelen estar constantemente fuera de la oficina, que necesitan tener contacto permanente con su correo electrónico, garantizar el acceso a internet, disponer de un modem para conectar su laptop a la web o para garantizar un intercambio de información punto a punto con otros usuarios. Ni hablar de los beneficios que le generan a los workhaholic y a las personas tímidas (este es mi caso) que necesitan una excusa para aislarse del mundo en eventos sociales.
No obstante, si lo que se quiere es sólo un teléfono celular, el blackberry resulta un equipo extremadamente costoso y subutilizado, no hay que olvidarse de eso.
En los últimos meses el público meta de los productos de Research In Motion en Venezuela se diversificó hasta los adolescentes y estudiantes universitarios. De una día para otro la "pequeña Venecia" se convirtió en uno de los pocos países del orbe en que los equipos se comercializan para el segmento ejecutivo (acá incluimos políticos y periodistas) y ciudadanos menores a 22 años, incluyendo adolescentes y preadolescentes.
¿Qué hace un niño con un blackberry? Esta es la primera pregunta que puede formularse cualquier mortal si se le ocurre darse una vuelta por un centro comercial caraqueño. La respuesta es sencilla: interactúa con su facebook y chatea con sus amigos. Es decir, ese adolescente o preadolescente carga encima un equipo de 400 dólares (o más de dos mil bolívares fuertes si Cadivi no le permitió a sus padres comprarlo en el exterior) para simplemente jugar.
¿Qué hace un estudiante universitario con un blackberry?, la respuesta no es tan obvia, aunque es de suponer que la mayoría cayó en el "efecto paveo". No obstante, además de estar a la moda, el equipo en las universidades tiene usos poco académicos. Obviando lo clásico (estar conectado al facebook y chatear) es una herramienta indispensable para copiarse en los exámenes. Es lamentable observar cómo los profesores que aún no superan los teléfonos con pantalla monocolor (o aquellas con dificultades para lidiar con la tecnología) son burlados por los estudiantes con blackberry (o cualquier otro tipo de PDA) que almacenan las guías y hasta los libros en las memorias de sus dispositivos.
Ni hablar de los que se quedan en el cafetín para enviarles a sus compañeros en el salón las respuestas de los exámenes a través de mensajes PIN, sin que el despistado docente se percate de lo que ocurre. Eso sí, para tomar apuntes en clase siguen aferrados al papel y lápiz, una contradicción que todavía no logro comprender. Según mi teoría del "efecto paveo" con el blackberry, la moda en las universidades comenzó cuando los líderes del movimiento estudiantil del año 2007 comenzaron a emplear estos dispositivos para poder interactuar mejor con periodistas y políticos, desde ahí la masa universitaria deseó tener un dispositivo similar.
Aquellos que tienen memoria fílmica seguro recordarán una escena de la película Brasil (dirigida por Terri Gilliam) en la que uno de los personajes del mundo apocalíptico y burocrático del filme termina consumido por una remolino de periódicos. En realidad temo que eso me ocurra a mí, pero en vez de periódicos será un remolino de blackberry subutilizados a causa del "efecto paveo". No importa la potencialidad del equipo y lo que se puede hacer con él, lo relevante es presumir de tener uno, aunque sea en formato prepago.
Sin embargo lo más ridículo que la moda blackberry está generando en Venezuela es sustituir el nombre de las personas por el número de identificación de su dispositivo. Aunque hay nombres que son horribles y deberían dar pie a demandas civiles, pronunciarlo se está convirtiendo en un complemento de las presentaciones sociales, innecesario si la persona que acabas de conocer te manda su tarjeta, que puede contener teléfonos, dirección, correo electrónico, fotografía, talla de zapato o preferencias sexuales del usuario. Tome nota, en Venezuela desde hace unos meses lo más correcto es presentarse de la siguiente manera: "Hola. Mi PIN es: 242A446B, ¿y el tuyo?

viernes, 6 de julio de 2007

Esto es lo que quiero...

A todos mis amigos, a mis conocidos... y a todos mis detractores...Esto es lo que quiero que me regalen en navidad....



Vea cómo funciona:

martes, 20 de marzo de 2007

Los Ipod también se "guindan"

Mi Ipod se “guindó” Realmente no pensé que esto pudiese ocurrir en un equipo que tiene un sistema operativo cerrado para permitir solo la carga de datos. En mi ignorancia tecnológica esto me parece similar a decir que se guindó mi pendrive.
El caso es que al verlo guindado pensé buscar el botón de reinicio o quitarle la pila, cosa que estoy haciendo muy a menudo con mi blackberry porque la plataforma de movistar se desconfigura cada 150 correos.
Realmente nunca me había dado cuenta que el Ipod no tiene botón para reiniciar, ni se le puede sacar la pila. En este momento pensé dejar que transcurriera todo el tiempo posible para que la pila se desgatara, pero claro…esta opción podría tardar varios días, e imagino que la pantalla se hubiese dañado.
Buscando, buscando, encontré en la página de Apple que existe un procedimiento de desbloqueo para los aparticos. ¿Quién lo diría? Apple tiene su propio ctrl-alt-sup
El procedimiento varía según cada modelo, pero para las versiones más recientes pareciera existir un método común para reiniciar el Ipod.
El primer paso consiste en bloquear y desbloquear los controles. Es decir: pasar el control de hold de la izquierda a la derecha y de la derecha a la izquierda. Acto seguido se deben mmantener presionados simultáneamente los botones Menu y Selección hasta que aparezca la manzanita de Apple en la pantalla. Y listo. El Ipod vive.

miércoles, 3 de enero de 2007

Año nuevo, pc nueva..¿qué compro?

"¿Qué computadora compro?"; la pregunta es inevitable. La variedad de marcas, modelos y "características" de los equipos provocan que los potenciales compradores terminen con la PC que más agrada al vendedor de turno y no con el equipo que realmente necesita el usuarioPara responder la interrogante inicial, es necesario aclarar una duda primordial antes: "¿para qué quiero la computadora?"

Precisar el uso del equipo facilitará la búsqueda de la PC que agrupe características y costos a la medida del usuario.Las prestaciones de una computadora que sólo se usará para procesar archivos de textos y navegar ocasionalmente en Internet son infinitamente diferentes a las de equipos que se empleará en casa como una X-Box o Nintendo con teclado.

Siempre debe tomarse en cuenta la cantidad de usuarios que emplearán el equipo. Evidentemente una computadora para la casa, que será compartida por todo el núcleo familiar terminará como centro de juegos de los niños o adolescentes. Si este es el caso, el equipo elegido -para evitar la frustración de los jugadores- debe ser aquel que reúna la mayor cantidad de recursos técnicos posibles.

Obviando el tema de la caja de juegos, una PC "familiar" debe poder correr aplicaciones de productividad (Word, Excel, Power Point, navegadores de internet), visualizar, editar fotos y manejar MP3. Además es recomendable adquirir un equipo con un disco duro amplio y que incorpore quemador de DVD. Las características claves de este equipo son: Procesador Pentium 4 o Core Duo; 512 MB de memoria DDR (cómo mínimo), 120 GB o 160 GB en disco duro, 128 MB en la tarjeta de gráficos económica o de rango medio; monitor CRT o LCD de 17 pulgadas y sistema de altavoz 2.1 o de dos piezas.

Si la computadora la empleará exclusivamente un estudiante universitario debe considerarse la posibilidad de adquirir un equipo portátil. Para evitar que se torne obsoleto a la mitad de la carrera es importante elegir una computadora que tenga procesador Intel Celeron D, Pentium 4 de rango medio o AMD Athlon XP, Athlon 64 de rango medio o Core Duo; 1GB de memoria DDR (cómo mínimo), 120 GB en disco duro; Unidad CD/DVD-RW; Puerto 10/100 Ethernet.

En caso de una laptop debe elegirse el equipo que integre la mayor cantidad posible de opciones de conectividad y movilidad.Para los que deciden emplearla para el diseño gráfico, edición de videos o simplemente para jugar es necesario adquirir un equipo de altas prestaciones y elevado costo. En estos casos lo más importante es encontrar la computadora que tenga el procesador más rápido, mucha memoria y una o dos tarjetas de gráficos. Además debe incorporar un disco duro de gran capacidad, quemador de DVD y puertos WIFi o FireWire.

Para este tipo de usuario es indispensable como mínimo contar con equipos que incluyan un procesador Intel Pentium 4 Extreme Edition, Pentium Extreme Edition 840 o AMD Athlon 64 FX. 1 GB de memoria DDR400 SDRAM (PC3200); 200 GB o más en disco duro; 256 MB en la tarjeta de gráficos, ya sea de ATI o Nvidia, o dos tarjetas de gráficos Nvidia en modo SLI; Monitor CRT o LCD entre 19 y 22 pulgadas y sistema de altavoz 5.1, 6.1 o 7.1 con sonido surround.Marca o clonSi el equipo no se empleará para editar sino como "centro de medios interactivos" que pueda funcionar como grabadora de video digital, televisión-y como computadora obviamente--lo usual es buscar equipos que incluyan discos duros que oscilen entre 200 y 400 MB; una Tarjeta TV Tuner (o tarjeta de gráficos ATI All-in-Wonder); 256 MB en la tarjeta de gráficos, ya sea de ATI o Nvidia y un monitor LCD de entre 17 y 21 pulgadas.

Superada la duda de cómo se usará el equipo debe resolverse si se optará por un equipo de marca reconocida o por un clon. No necesariamente un equipo de marca funcionará mejor o más rápido que aquel que carece de un apellido de fabricante importante. La ventaja de comprar un clon es que el usuario puede escoger los componentes más importantes (discos duros, tarjetas madre, procesador, etcétera) No obstante los equipos de marca compensan la debilidad de no poder escoger lo que se necesita, sino lo que el fabricante provee.

Debe tenerse presente que al adquirir un clon se está renunciando a la garantía del equipo y probablemente no se podrá acceder a "extras" valiosos como el soporte remoto, paquete de aplicaciones y software de recuperación. Hoy en día es común observar a personas que adquieren equipos portátiles para dejarlos en su casa u oficina. La recomendación para adquirir una laptop es requerir "movilidad" y en esta categoría entran los vendedores, trabajadores de campo, consultores y estudiantes.

Cualquier otra actividad puede desempeñarse con facilidad con un desktop, lo que evidentemente reducirá el costo final del equipo.Para aquellos que se resisten a comprar un desktop porque en algún momento necesitarán "sacar" la computadora de casa o planean emplear el equipo portátil como "complemento" de una computadora principal se recomienda equipos que permitan la conexión inalámbrica y bluetooh, con procesadores Mobile Celeron, Core Duo, Pentium 4, 512 MB, disco duro de gran capacidad, quemador de DVD y pantalla de 14 pulgadas en adelante.

Son necesariasSi el portátil se destinará a estudiantes es necesario evaluar el peso del equipo para adquirir el más liviano posible. Son excelentes opciones los que poseen porcesadores Mobile Celeron, Pentium 4, Pentium M o Core Duo y conectividad alámbrica e inalámbrica. Para los que viajan constantemente la mejor opción puede ser una laptop ultraliviana, con una pantalla de 12 pulgadas.Por último, cada vez que se adquiera un equipo el comprador debe estar consciente que su computadora estará obsoleta al salir de la tienda.

En el caso de los que solo se usarán para trabajar archivos de textos, Excel y navegar en Internet su vida útil será mucho más larga. No obstante sistemas con muchas prestaciones deben tener la capacidad de mejorarse con el tiempo; es decir suficiente espacio (interno) para ampliar su memoria, disco duro, tarjeta madre y procesador.
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