domingo, 29 de junio de 2008

viernes, 27 de junio de 2008

Alemania es la favorita, pero...

“El fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre gana Alemania” La frase de Gary Lineker es válida para cualquier torneo. Hay que aceptarlo: juegue bien o mal, tenga o no figuras, Alemania siempre es favorita. No obstante, eso no significa que sea invencible.
Aunque la historia y las estadísticas están a favor de los teutones no debe olvidarse que en las últimas dos décadas el fútbol alemán experimentó un declive aterrador, coincidiendo con la retirada de Maatthaeus, Voeller, Klinsmann y Brehme.
Recién en esta Eurocopa comienzan a despertar de su letargo, un letargo que no debe provocar que se olvide que los alemanes son tres veces campeones del mundo y tres veces campeones de Europa. Es cierto que no ganan nada desde 1996 (Eurocopa de Inglaterra, con Gol de Oro de Bierhoff) pero en este lapso de tiempo –con equipos realmente limitados- lograron ser subcampeones mundiales en el año 2002 y ocuparon el tercer lugar en el Mundial del año 2006.
La buena noticia para la selección española es que el equipo que lideriza Ballack no es ni la sombra de la Alemania de la década de los setenta en donde se encontraban Breitner, Overath, Müller, Beckembauer y Hoeness; ni es tampoco la Alemania de los años ochenta en la que militaba Stielike, Fischer, Magath, Littbarski, Briegel y mucho menos la Alemania de los primeros años de la década de los noventa sustentada en Hassler, Maatthaeus, Voeller, Klinsmann, Brehme y Aughenthaler.
Y esta Alemania no es igual a sus predecesoras porque –seamos sinceros- sólo ha jugado bien en el partido en contra de Portugal. De resto, sus encuentros –ni hablar del enfrentamiento en contra de Croacia- se han saldado con un fútbol horrible, sustentado en un cuestionado sistema de 4-2-3-1, en el que el doble pivote lo forman Hitzlsperger y Rolfes, delante de ellos una línea de tres con Schweinsteiger por la derecha, Ballack cayendo por el centro y Podolski pegado, muy pegado, a la izquierda, dejando sólo en punta a Klose.
Carencias al margen, la final que enfrentará al equipo teutón con “La Roja” de Luís Aragonés será el vigésimo tercer enfrentamiento entre ambas selecciones, con un saldo mínimo de victorias a favor de España. En estas estadísticas hay que separar los encuentros en contra de las RFA y de la RDA, porque –el comentario vale para los más jóvenes o lo más despistados- entre 1942 y 1988 existieron dos alemanias.
En los encuentros en contra de la RFA “La Roja” acumula seis derrotas, tres empates y tres victorias; la más recordada -sin duda- la del partido de la Eurocopa de 1984 con aquel gol agónico de Maceda en el minuto 90. En contra de la RDA la suerte no es diferente. Las estadísticas hablan de tres derrotas, dos empates y una victoria para “la furia”.
Para los más puristas, en el global de encuentros entre España y Alemania (unificada) el saldo es de tres derrotas, tres empates y dos victorias a favor de “La Roja”. Sin embargo, el último partido oficial entre ambos equipos nos remonta al Mundial de EEUU, y al empate con goles de Klinsmann y Goikoetxea.
Y las estadísticas se ponen peor, porque España sólo ha ganado dos grandes títulos: La Medalla de Oro de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y la Eurocopa de 1964 cuando venció a la URSS con aquel inolvidable gol de Marcelino. Apartando el deporte olímpico, hace 44 años que “La Roja” no gana un título. Además, hace 24 años que estuvo muy cerca de volver a ganar, cuando aquel lamentable fallo de Arconada (Europa de 1984) le dio el título continental a la Francia de Michael Platini
Para la final de la Eurocopa el análisis línea por línea –especialmente si se confirma la ausencia por lesión de Villa- demuestra que Alemania tiene una ligera ventaja. En la portería es obvio que Iker Casillas representa mucho más que Jens Lehmann. En defensa, aunque las dos zagas son iguales de lentas, la desventaja la tiene España por la poca estatura de sus jugadores. La delantera española, si juega Villa y hace pareja con “El Niño Torres” es muy superior a la alemana; sin Villa, la diatriba entre Torre-Guiza y Klose debería resumirse a un empate.
Como suele suceder en la mayoría de los encuentros, el centro del campo decidirá y en este punto hay que decir que Alemania tiene un jugador del que carece España: Ballack.
En conclusión: Por tradición debería ganar Alemania; por estadísticas debería ganar Alemania, pero… por el juego desplegado en el torneo debe ganar España y lo más importante de todo, debe ganar España por hacer feliz a mi viejo, en donde quiera que se encuentre.
Dos comentarios finales: Esta es la mejor Eurocopa que recuerdo. Lamento en el alma que mi viejo no haya podido disfrutar de estos juegos (especialmente el Alemania-Portugal; Holanda-Francia; Holanda-Italia; Alemania-Croacia; España –Italia y por supuesto Rusia-España) en donde el catenaccio cedió protagonismo al fútbol de ataque, buenas jugadas y hermosos detalles.
El otro comentario está dedicado a Hiddink. Pensé que se había acabado como entrenador después de su desastroso paso por el Real Madrid; sin embargo el holandés se transformó en el mejor seleccionador nacional de la última década. En el mundial del año 2002 –con cierta ayuda de los árbitros- colocó a Corea como referente internacional; en el mundial del año 2006 su Australia casi saca a Italia. Imagino que la FIFA le habrá cobrado “los favores arbitrales” que recibió con Corea porque el penalti que supuestamente le cometieron a Grosso –que le permitió a la azurra clasificar- fue un regalo. Dos años después hace que Rusia juegue de maravilla y se despache a la favorita Holanda. Definitivamente el mejor entrenador de la última década (salvo que Luís Aragonés gane la Eurocopa)
¡Qué viva España!

viernes, 20 de junio de 2008

Italia es la favorita, pero...

Aclaremos varios puntos: Mi viejo era español y de él heredé el amor por el fútbol y por el Real Madrid. De él también me queda un sospechoso juicio crítico para mis equipos, sospechoso porque se supone que la irracionalidad y el amor por los colores son los argumentos que deberían sustentar los análisis deportivos. Este no es el caso. Me gustaría sin duda alguna que España ganara, pero las estadísticas están a favor de Italia.
Cuando mi viejo nació –en el mes de febrero de 1926- se cumplían ya seis años de la última victoria oficial de España sobre Italia (en los juegos Olímpicos de 1920) Mi viejo (Albertazo para casi todos) se me fue hace un mes y en sus 82 años nunca pudo ver que su selección le ganara al catenacio italiano en partidos trascendentales.
Entre amistosos y encuentros oficiales España e Italia se han enfrentado en 27 ocasiones. La furia ha ganado en ocho ocasiones, los azurri han hecho lo propio en nueve encuentros y los restantes diez juegos culminaron en empates. El problema con estas estadísticas es que las ocho victorias de España tuvieron como escenarios partidos amistosos. A la fecha la roja sólo puede presumir de haber empatado –sin goles- con los azurri en la fase de grupos de la Eurocopa de 1980.
Cuando se habla de un España-Italia es inevitable no recordar el Mundial de EEUU 94. El clamoroso fallo de Julio Salinas ante Pagliuca o la expulsión que le perdonaron a Tassoti, a pesar de haberle partido la nariz a Luís Enrique. Y uno recuerda ese partido porque –a pesar de Salinas, a pesar de Javier Clemente y a pesar del árbitro- España estuvo cerca, no sólo de vencer a Italia, sino de alcanzar su tope histórico de clasificación en la fase final de un Mundial.
No obstante todo no juega a favor de Italia. Aunque tiene cuatro Mundiales –sólo los supera Brasil con cinco títulos- en Europa su teórica supremacía se reduce a un solo título, emparejándola en el ranking con Rusia, República Checa, Dinamarca, Gracia y la propia España.
Si la furia española debe avergonzarse porque tiene 88 años sin ganar en un partido oficial a Italia, los trasalpinos no se quedan atrás, porque ostentan en su record continental 40 años sin ganar la Eurocopa.
Este partido de cuartos de final no sólo se limita a las estadísticas. En el terreno se enfrentarán los dos mejores porteros del mundo: Iker Casillas y Bufón. En mi concepto Casillas es mejor porque no juega arropado por un sistema defensivo blindado como lo hace el italiano, no obstante este punto es muy discutible. Habría que ver a Casillas en la Juventud y a Bufón en el Real Madrid para poder comprobar esta hipótesis.
Al analizar el juego no debería olvidarse la peligrosa simetría entre la evolución de España en esta Eurocopa con su desenvolvimiento en el último Mundial, en el que empezó metiéndole cuatro goles a Ucrania, después le ganó en un suspiro a Túnez y empleó a los suplentes para ganarle a Arabia. Pleno de tres victorias hasta que llegó Francia (finalista) para hacer buena la sabiduría popular: “jugamos como nunca y perdimos como siempre”.
La única diferencia entre la España del Mundial y la selección de la Eurocopa tiene nombre y apellido: Raúl González. Definitivamente su ausencia beneficia a la selección en una medida proporcional a la forma en que la perjudicó en el mundial (Aclaro, soy fanático del Real Madrid, no de Raúl)
Por el contrario Italia –que recuperó a Del Piero- se medirá a la roja sin tres de sus referentes: Cannavaro que definitivamente es un jugador distinto en la selección al que se suele ver en los campos españoles y especialmente Andrea Pirlo y Gennaro Gattuso, dos bajas que deben afectar el rendimiento del mediocampo italiano.
Resumiendo: Las estadísticas benefician a Italia porque España tiene 88 años sin ganarle en competencia oficial. En la portería los equipos están parejos, aunque España podría tener una leve ventaja. En la defensa Italia (aún sin Cannavaro) es mejor por la línea que forman Grosso, Materazzi, Barzagi y Zambrota; el mediocampo (por la ausencia de Pirlo y Gattusso) está parejo; el partido terminará desequilibrándose por el trabajo de creación y recuperación que se imponga entre los tridentes conformados por Di Natale, De Rossi, Camoranesi y Xavi, Xavi Alonso e Iniesta. La única línea del campo en la que España tiene teórica superioridad es la delantera, la dupla Torres, Villa es muy superior al trabajo solitario de Toni.
Italia es favorita pero…aspiro a que gane España, total las estadísticas existen para romperse.

Un comentario final. Escribo este texto mientras Alemania derrota a Portugal. Un partido que hace buena la frase que siempre me repetía mi viejo: “Carajito, como diría Lineker, el fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre gana Alemania”

emartinez@movistar.ve.blackberry.com

jueves, 19 de junio de 2008

Los que empiezan a criticar.

Lo manda mi amiga Mecha.... Muy acertado.
...............

¡Hola! Lo que sigue son extractos del programa trasmitido por RNV, De primera mano,  del historiador Valdimir Acosta del lunes 16 de junio de 2008. Creo que hay gente que tiene tiempo viendo al Rey desnudo. Esta transcripcion la tomé de http://saberypoder.blogspot.com/ <http://saberypoder.blogspot.com/> . Alli hay un link para escucharlo completo.
Saludos
 
"Yo voy a decir aquí algunas cosas que seguramente van a molestar a algunos, pero las digo porque creo que tengo que decirlas... en función de este proceso en el cual yo creo, el cual yo quiero verdaderamente que siga avanzando, que no se estanque, que no retroceda, fundamentalmente por esa razón tengo que decir estas cosas. Yo creo que dos de los problemas, problemas serios, problemas graves, problemas que hay que enfrentar y superar en la medida de lo posible, que ha generado uno de los problemas de este proceso: la falta de dirección, son:

1) el excesivo culto a la personalidad con relación al Presidente y a todo lo que el Presidente dice, nadie se atreve a discutirle nada y menos aún a criticar las cosas que dice el Presidente, cosa que es absurda, porque aquí hay plena libertad como nunca, para criticar, para discutir; y

2) el servilismo intelectual. Lo lamento, pero me cuesta llamarlo de otra manera: el servilismo intelectual o la pereza intelectual de algunos que repiten como unos loros todo lo que se dice o todo lo que el Presidente dice y lo justifican sin pensar o que cuando piensan retuercen cualquier argumento para darle la razón al Presidente. Hay que esperar que el Presidente rectifique, cuando lo hace, porque a veces lo hace, se da cuenta, para que entonces vuelvan a ser loros, pero loros rectificadores. Y eso es triste, eso es lamentable, y es algo profundamente perjudicial para un proceso revolucionario, para un proceso que intenta cambiar cosas, para un proceso de participación y de protagonismo popular.

El punto de partida de esto, lo he comentado montones de veces, me he cansado de comentarlo en distintas oportunidades, aquí y en otros lados, en otros actos, en foros, en discusiones y conversaciones, es la falta de dirección colectiva de este proceso. Nadie cuestiona el liderazgo del presidente Chávez, este proceso está absolutamente identificado con el presidente Chávez, el presidente Chávez ha sido el espíritu, el alma, la fuerza principal de este proceso, eso no lo cuestiona nadie, no lo cuestiona ni siquiera la oposición, y por supuesto nadie lo va a a cuestionar. Se trata de que los procesos revolucionarios, los procesos de cambio, los procesos de transformaciones e incluso los procesos reformistas más o menos avanzados, necesitan direcciones colectivas, porque la política es una construcción colectiva. Y cuando se habla de democracia, de participación, de protagonismo popular, se hace absolutamente imprescindible esa discusión, esa participación popular, esa dirección colectiva, que no excluye un liderazgo, pero que necesita la participación, la asunción de responsabilidades, el compartir responsabilidades y el participar de la elaboración de una línea política que tiene que ser producto de la relación con los sectores populares, con el pueblo, y que tiene que ser permanentemente consultada con él. Eso es indispensable. Cualquier proceso que intente cambiar cosas, que intente movilizar a los sectores populares y que intente estar al servicio fundamentalmente de los sectores populares necesita una dirección colectiva, no una dirección que sea absolutamente unipersonal. Y esa es una de las grandes fallas de este proceso.

Aquí ni siquiera el partido que se acaba de construir ahora, el PUSV, es un partido que ejerza dirección colectiva. Es un partido que fundamentalmente funciona como un instrumento que repite lo que dice el Presidente, que no discute nada con el Presidente y que se ocupa fundamentalmente de las cosas administrativas: cómo desarrollar el proceso electoral, cómo hacemos aquí, si se reúnen con el PPT, qué va a pasar con el Polo Patriótico [Alianza Patriótica], si hay amenazas por la prepotencia del PSUV con relación a los otros, si se puede buscar acuerdos, si está descontento alguien, si el candidato para gobernador es el que llegó primero o el que llegó segundo. Es decir, puras cosas absolutamente técnicas, mecánicas, cotidianas, pero no discute política, el PSUV no discute política ni define política. El PSUV simplemente se limita a repetir lo que dice el Presidente, y a veces ni siquiera opina políticamente. Es el Presidente el que opina y el PSUV se ocupa entonces de las cosas administrativas. Eso no puede ser. Si alguna justificación podía tener la integración de las fuerzas que han apoyado a este proceso en un partido como el PSUV, es para construir una dirección colectiva, que desde una perspectiva de compromiso, del mismo compromiso que tiene el Presidente, pueda discutir con él y pueda llegar a acuerdos producto de discusiones con él, y de confrontaciones que ocurren a veces. De eso por lo menos no hay ningún indicio, ninguna indicación de que eso esté ocurriendo.

Pero lo que yo quiero señalar, que es lo que me parece más preocupante, son las dos cosas que dije. Por un lado, se ha ido generando, y eso es prácticamente inevitable cuando no hay una dirección colectiva, y cuando hay un liderazgo claro, porque al final el liderazgo del Presidente parece estar muy por encima de los otros líderes (se podría decir: hasta qué punto él contribuye a eso o hasta qué punto él no hace un esfuerzo para reducir esa distancia, pero ese es otro tema que no voy a tocar ahora); pero lo cierto es que esa distinción entre el peso y la importancia del Presidente y los dirigentes que forman parte de su equipo, genera y ha generado un excesivo culto a la personalidad del Presidente, que se traduce en esa dimensión negativa: una cosa es el respeto al liderazgo, otra cosa es la admiración de un liderazgo, otra cosa es entender que ese liderazgo fuerte, combativo y dinámico es necesario para impulsar un proceso (eso es perfectamente válido) y otra cosa es convertir al líder en una especie de dios, en un personaje infalible, que no se equivoca nunca y al cual no se le puede criticar absolutamente nada y no se le puede discutir absolutamente nada. Repito: algo que es absurdo. Vivimos justamente en una sociedad que es democrática como nunca ha sido esta sociedad venezolana, aquí se discute de todo, aquí se opina de todo y aquí no le pasa nada a nadie. Si aquí hasta los conspiradores de derecha, los conspiradores fascistas andan libremente por las calles, conspiran, hacen lo que les da la gana, aquí todo el mundo hace lo que le da la gana, desde los motorizados hasta los conspiradores fascistas. Entonces aquí no hay ningún peligro de que nadie pueda ser víctima de las críticas que haga. Y es necesario que esas críticas se hagan. No convertir eso en una profesión, no se trata de la profesión de criticar lo que hace el Presidente, para eso está la oposición imbécil esa, diciendo animaladas todos los días, y por eso está así, hundida, en el piso.

Se trata de la perspectiva de la construcción de un proceso revolucionario que hoy más que nunca necesita discusiones, porque están pasando cosas, aquí dentro de este proceso, que hay que discutirlas y que hay que cuestionarlas, necesita entonces una dirección colectiva que parta del reconocimiento indiscutible del liderazgo del Presidente, pero que sea capaz de fijar opiniones y tener criterios, y atreverse a tener esos criterios y a discutirlos, y atreverse a ser derrotada y atreverse a triunfar en algunas oportunidades, porque la derrota o el triunfo no son otra cosa que derrota o triunfo de posiciones que van a fortalecer el proceso. Esto es un problema que a mí me parece fundamental.

Y el otro lado es, entonces, esa suerte de pereza intelectual: "el Presidente es el líder, el Presidente se las sabe todas, el Presidente no se equivoca nunca, el Presidente es el súperestratega", el Presidente está en la estratósfera ya, planificando cosas, y los demás, entonces, por pereza intelectual, no piensan, no son capaces de analizar, no son capaces de participar, reciben pasivamente todo lo que el Presidente dice y ejecutan lo que el Presidente dice. No hay dirección colectiva. Y esa pereza intelectual a veces se convierte en un cierto servilismo, porque entonces es buscar la manera... unos, repito, porque no piensan, y simplemente repiten, repiten y repiten, tanto repiten que "esto es bueno, esto es bueno" porque el Presidente lo dice, y dos días después cuando el Presidente dice "me equivoqué", porque el Presidente sí se atreve a decir que se equivocó, entonces dicen: "esto es malo, esto es malo, esto es malo". Es decir, pasan de loros positivos a loros negativos. Y eso no puede ser. Pero en algunos llega verdaderamente a un nivel de retorcer los argumentos, de utilizar entonces los argumentos de pensar políticamente para hacer cuadrar las cosas que no cuadran, para tener que darle la razón al Presidente, y a veces se queda bastante mal cuando el Presidente después se da cuenta de que él mismo se ha equivocado (y últimamente se ha equivocado bastante, por cierto), y entonces en algunos de esos casos rectifica.

...

Yo creo que lo único válido y lo único correcto en política, cuando uno quiere pensar políticamente, es eso: es pensar políticamente, es analizar las cosas racionalmente, con seriedad, sin sacralizar el pensamiento y la conducta de nadie, por más líder que sea, con plena independencia de criterios. Una vez que se tiene una posición política tomada, por supuesto, no estoy hablando de criterios en el aire. Estoy partiendo de un análisis válido en política de quien piensa como revolucionario y quien está comprometido con un proceso que quiere que sea revolucionario o que quiere que siga siendo revolucionario, no de un analista de esos que se sientan en una especie de topos uranos, allá arriba, a analizar las cosas desde la estratósfera. No. Me refiero al compromiso, al compromiso militante, al compromiso patria o muerte, como son los compromisos políticos, y si no, no son compromisos y no sirven para nada. Desde esa perspectiva, una vez que uno asume esa perspectiva y la convierte en forma de vida, lo único válido en política, entonces, es analizar las cosas racionalmente, analizar las cosas con seriedad y profundidad, sin sacralizar el pensamiento y la conducta de nadie, con independencia de criterio y con buena y sólida información. Y además, sin temor a criticar lo que se estima que no está bien, justamente porque lo que se quiere es que el proceso avance y no que el proceso se estanque. Y criticar las cosas a tiempo tiene justamente la fuerza que da la posibilidad de cambiar las cosas, de incidir sobre ellas. Quedarse callado, admitir chantajes, admitir acusaciones, que hacen justamente los que quieren que el proceso no siga caminando, es permitir pasivamente que algunas cosas que están mal sigan empeorando y que cuando alguien se dé cuenta de que están mal, ya sea probablemente demasiado tarde para corregirlas, y en ese camino se puede hasta perder el poder.

Aquí lo hay que hacer, en mi opinión, y lo repito, es ver el curso reciente que ha ido tomando este proceso: hacia dónde, en qué dirección está marchando últimamente este proceso, porque, repito, hay muchas cosas preocupantes. Y uno ve cómo se engranan, una tras otra, algunas declaraciones con algunas conductas. Repito, no voy a analizar esto a fondo, simplemente lanzo esto como tema de análisis, de reflexión, de pensamiento, porque ésta es la única forma de pensar políticamente desde un compromiso revolucionario. Recomiendo una vez más que lo hagamos, recomiendo discutir sin temores, si queremos que este proceso siga avanzando, que este proceso no se estanque, que este proceso de cambio no se convierta en una cosa diferente. Porque creo que de eso, y de la conducta que se asuma y de la conducta que se comparta, depende en buena parte el futuro de este proceso, depende en buena parte que este proceso que ha sido generador, justificado, de grandes esperanzas de cambio, de algunos cambios que de verdad han tenido alcance revolucionario, que este proceso pueda mantenerse en ese camino, recuperar ese camino, profundizar ese camino, y no asumir un camino de moderación que muchas veces se convierte en camino de estancamiento.

Creo que ésta es una discusión que debe darse, y que debe darse abiertamente en el seno de este proceso, analizar lo que pasa, lo que se dice, conectar cosas, relacionar cosas, y sobre la base de esos análisis hacer planteamientos que contribuyan a que este proceso que está pasando por una etapa decisiva, por una etapa clave, por una etapa de inflexión, pueda seguir avanzando por el camino que se trazó al comienzo y que tiene que ser profundizado para que no deje de ser lo que fue y lo que tiene que ser: un proceso de cambio revolucionario".

Eugenio Martínez
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martes, 17 de junio de 2008

No es la Naranja Mecánica...

Apenas comienza la Eurocopa -este artículo se escribe mientras Francia y Holanda dirimen su futuro en el Grupo C-, no obstante ya se pueden extraer algunas conclusiones, o en todo caso, evitar que se generan matrices de opinión equivocadas. La Holanda de Van Vasten, a pesar de su histórica victoria ante Italia no es La Naranja Mecánica -como muchos analistas aseguran- y los azzurri, a pesar de sufrir la peor derrota de los últimos 25 años, no son tan malos como aparentaron en su debut, aunque la generación que dirige Donadoni muestra signos evidentes de estar en declive.
Marcarle tres goles a la campeona del mundo no está al alcance de cualquier equipo y si la campeona es la selección italiana, mucho menos. Holanda lo logró. Le clavó tres goles a Bufón -uno en claro fuera de juego- y perdonó en dos ocasiones más. Sin embargo, el juego desplegado dista mucho del practicado por la selección holandesa en los mundiales de 1974 y 1978. Hay que entender que el concepto de La Naranja Mecánica no está atado a los resultados, porque se puede perder jugando maravillosamente bien, como le sucedió a los tulipanes, o como experimentó Brasil en el mundial de España 82.
El fútbol que dio origen al calificativo de La Naranja Mecánica fue producto de un movimiento constante de jugadores por el terreno de juego, al intercambio de posiciones y a prolongadas posesiones de balón. La Holanda de Van Vasten -para el fútbol fue lamentable que se tuviese que retirar como jugador de forma prematura- tiene un concepto más dinámico, más vertical, que antepone en muchas posiciones a jugadores físicos y no técnicos, complementados por individualidades desequilibrantes como Van der Vaart y Sneijder.
En conclusión esta Holanda -si patenta el concepto exhibido en contra de Italia- se puede convertir en una de las selecciones mejor equilibradas de la historia, pero muy distante del concepto de fútbol total que se pudo observar en la década de los años setenta. Esta es la Holanda del desmarque y el remate, no la del fútbol total. Decía Arrigo Sacchi que los sistemas los hacen buenos los jugadores y en honor a la verdad no hay jugadores en el mundo para emular a La Naranja Mecánica y la forma en que planteaba los encuentros y la posesión del balón.
Los jugadores que dominaron la alineación de Holanda son del Hamburgo (Alemania), que actuaron en detrimento de los convocados del Ajax y del PSV Eindhoven, los únicos equipos del mundo que en realidad han entendido -en algún momento- el concepto de fútbol total capitaneado por Johan Cruff.
En el análisis de la exhibición holandesa hay que considerar además que Italia ayudó mucho a los 11 de Van Vasten a funcionar como una máquina, más que como La Naranja Mecánica. La ausencia de Cannavaro, a pesar de sus discretas actuaciones con el Real Madrid, fue vital en este encuentro, especialmente en la generación de espacios sin marcadores, en la pérdida de agresividad y especialmente en la ausencia de anticipación.
Un argumento similar se puede emplear en el caso de España. Hay que esperar el segundo y el tercer encuentro del equipo de Luís Aragonés para comprender si ésta es una selección campeona o la exhibición de marcarle cuatro goles a Rusia fue sólo un espejismo de esos que terminan en la sempiterna frase de la prensa deportiva española: "Jugamos como nunca y perdimos como siempre".
Un comentario final para Croacia. No por ganarle a Alemania, que obviando a Ballack y Podolski es un equipo muy limitado, sino por demostrar que, aunque pasan las generaciones, sigue siendo el Brasil de Europa.
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