viernes 18 de septiembre de 2009

¡Yo soy el candidato!

Del resultado de las elecciones parlamentarias de 2010 depende el rumbo que tomará el país en la próxima década. Si la oposición vuelve a regalarle el Parlamento al chavismo -como sucedió en el año 2005- los venezolanos que no comulgan con el proyecto político de Hugo Chávez deberán resignarse a vivir en un país que sólo reconoce como ciudadanos a las personas que profesan una fe ciega por la revolución bolivariana, así de simple.
La nueva ley electoral -aprobada en la Asamblea Nacional por los diputados del PSUV y del Partido Comunista- está concebida para que el chavismo se beneficie de la principal carencia de sus adversarios: su incapacidad de lograr acuerdos. Al día de hoy el liderazgo opositor desconoce cómo seleccionar a sus 167 candidatos de unidad para las elecciones parlamentarias (114 nominales y 53 tipo lista). Recordemos que la nueva legislación provoca que el ganador se lo lleve todo, condenando a los que obtengan la segunda, tercera y cuarta votación a desaparecer de los cuerpos colegiados como la Asamblea Nacional, lo que equivale a no tener ningún tipo de incidencia política o institucional.
Según la última encuesta del IVAD la mayoría de los venezolanos (47,6%) no se identifica con ningún partido político. Este dato hace suponer que los candidatos de unidad de la oposición deben tener una característica importante: poder llegarle a esos ciudadanos que no comulgan con las organizaciones tradicionales. Mientras el PSUV tiene un mercado electoral de 32,7% de los venezolanos, los partidos de oposición cada vez exhiben un liderazgo más mermado: 4,7% se identifica con AD, 3,3% con UNT, 3,2% avala a Primero Justicia y 2,4% siente simpatía por Copei. El resto de las organizaciones políticas (entre pro gobierno y pro oposición) apenas aglutina a 6% de los ciudadanos.
Supondría un error -por lo menos desde la óptica de este cronista- que los 167 candidatos de unidad de la oposición sean escogidos en petit comité por la dirigencia de las organizaciones políticas tradicionales. El debate debe ser, sin duda, mucho más amplio, pero no al extremo de excluir a los partidos. Este es el momento en que la oposición debe aprender a sumar voluntades y no a fomentar más divisiones.
La democracia, tal y como la entendemos los venezolanos, necesita del pluripartidismo. La existencia de muchas organizaciones -y líneas de pensamiento- no debería ser incompatible con la unidad como instrumento para lograr ganar en las elecciones. El problema se reduce a cómo lograr la unidad para emplearla de estrategia electoral.
La única forma de garantizar que los candidatos de oposición comulguen con la mayoría de los electores -además de proponer una agenda legislativa alternativa tanto regional como nacional- es que se logre capturar la atención de las masas. Para capturar la atención de los electores es necesario que éstos estén dispuestos a escuchar lo que tienen que proponer los candidatos de oposición. La condición sine qua non para que esto ocurra es que los aspirantes seleccionados (especialmente los 114 que serán electos por nombre y apellido) no puedan ser catalogados como corruptos, golpistas o vinculados al puntofijismo.

¿Cómo escoger a los candidatos? Los días pasan y el liderazgo opositor no logra acuerdos sobre esta materia. En un extremo están los que aspiran a que se realicen 167 primarias y en el otro los que sugieren que la decisión se logre por acuerdo exclusivo entre la dirigencia política. Definitivamente ninguna de las dos propuestas es viable, ni permitirá encontrar a los candidatos que necesita ese 47,6% de venezolanos que se encuentra por fuera de las organizaciones partidistas de la oposición y del chavismo.
¿Qué debería hacer toda la oposición? El primer paso es exigir a los rectores del CNE que entreguen perentoriamente los circuitos de votación del año 2010. Aclaremos que sin esta información es imposible seleccionar a los candidatos; no importa que el método de selección escogido sean las primarias, sorteos de bingo, rifas, encuestas, carreras de 100 metros planos o reuniones en petit comité.
Con los circuitos elaborados, se podrían realizar primarias en las zonas del país en donde no exista un liderazgo único, reconocido por todas las partes. Vale decir que las primarias sólo servirían como método de escogencia para los candidatos nominales (los que se escogen por nombre y apellido). Los 53 aspirantes tipo lista (se vota por la tarjeta de un partido político) podrían obtenerse a través del consenso, especialmente porque esta es una selección muy compleja que requiere -según la nueva ley electoral- que las candidaturas sean paritarias en cuanto a género.
Una vez definidos los candidatos debe acordarse una agenda legislativa -regional y nacional- que pueda presentarse como proyecto alternativo. Sólo así la oposición podrá soñar con recuperar el control del Parlamento.
No obstante, pareciera que no existe voluntad política para acordar un método de selección de candidaturas perentoriamente. Salvo casos muy aislados, quienes tienen el atrevimiento de plantear públicamente este debate son descalificados.

¿Por qué no se acuerda un método de selección? La respuesta a esta interrogante está implícita en otra pregunta: ¿Usted tiene alguna idea de la cantidad de políticos -de todas las tendencias- que en este momento están pensando que le corresponde, por derecho, la postulación a la Asamblea Nacional? Sólo mire las pantallas de televisión, escuche la radio, lea los periódicos o simplemente presté atención al twitter y observará que pocos están interesados en lograr 167 de unidad; al día de hoy la estrategia de muchos se limita a un pensamiento que puede ser la desgracia de la oposición: "Es mi derecho: ¡Yo soy el candidato!".

jueves 10 de septiembre de 2009

La oposición no quiere ganar las elecciones Parlamentarias

La elección de la próxima Asamblea Nacional marcará, definitivamente, el destino del país. Si el PSUV sigue dominando el Parlamento, continuará la aprobación de leyes cuyo articulado desconoce el resultado del referendo constitucional del año 2007. La única posibilidad de colocar un freno institucional al proyecto político de Hugo Chávez se remite a que todas las fuerzas políticas que no comulgan con el chavismo logren dominar la Asamblea Nacional. Hay que tener en cuenta que Chávez ha gobernado sin oposición real en los últimos cuatro años porque el liderazgo del antichavismo decidió retirarse de las elecciones parlamentarias del año 2005.

¿La oposición tiene un plan para lograr ganar la próxima elección para la Asamblea Nacional? La respuesta a esta interrogante es un rotundo "no". El liderazgo opositor parece no entender que el PSUV acaba de cambiar el sistema político del país al aprobar una ley electoral que garantiza la sobre representación de las mayorías en los cuerpos colegiados. Por citar sólo una proyección de resultados, con la nueva ley electoral le bastaría al chavismo obtener 50,01% de los votos en la próxima elección para capitalizar 85% de las curules. Este efecto de sobre representación ya se experimentó para la elección de la Asamblea Nacional Constituyente. Gracias a la estrategia del Kino de Chávez, los candidatos apoyados por el presidente obtuvieron 60% de los votos, pero el CNE les adjudicó 95% de los cargos, reduciendo a la disidencia a sólo seis constituyentitas.
Según la última encuesta del IVAD 32,7% de los venezolanos se identifica con el PSUV, mientras 47,6% se autodefine como independiente. En esta encuesta el liderazgo tradicional continúa siendo rechazado: 4,7% se identifica con AD, 3,3% con UNT, 3,2% avala a Primero Justicia y 2,4% siente simpatía por Copei. El resto de las organizaciones políticas apenas aglutina a 6% de los ciudadanos. Cuesta entonces entender que el liderazgo opositor (dentro y fuera de los partidos) aspire a elegir en petit comite a los 167 candidatos unitarios que deben postularse a la Asamblea Nacional.
La oposición carece de una estrategia electoral. Al día de hoy el debate interno se limita a evaluar si Leopoldo López -y quienes lo acompañan en la propuesta de tarjeta única- deben integrar o no la Mesa de Unidad, mientras el debate público está orientado a enfrentar a los que proponen alianzas perfectas de candidatos con aquellos que defienden la tarjeta única. Ergo, pasan los días y no aparecen los 167 nombres que deberían postularse. Imagino que en la oposición nadie evalúa un escenario en el que Hugo Chávez decida adelantar las elecciones parlamentarias para explotar la incapacidad de sus adversarios para obtener candidatos unitarios. Un debate similar ya ocurrió en vísperas de las elecciones regionales de 2008. ¿Consecuencia? La oposición le regaló al PSUV 72 alcaldías al presentar más de un candidato en cada municipio.
Desafortunadamente el debate electoral se concentra en la discusión pública entre el liderazgo de oposición que proponen una tarjeta única para garantizar la unidad en la postulación -y a la vez enviarle un recadito a los jerarcas de UNT y PJ- con aquellos que defienden el uso de alianzas perfectas -todos los partidos postulan al mismo candidato- para beneficiarse del efecto de sobre representación, sin necesidad de renunciar a sus colores y al poder político asociado a la representación parlamentaria.
¡Por favor! El tema del método de postulación se puede discutir dos meses antes de la elección. La alianza perfecta y la tarjeta única funcionan igual de bien, ninguna es mejor que la otra. Si el interés genuino de la oposición fuera recuperar el Parlamento el debate en estos momentos estaría centrado en el método para escoger a los candidatos de unidad y no en el método de postulación. La oposición debe discutir en este momento es cómo elegir 167 candidatos unitarios, 167 candidatos que le lleguen a la gente, a los electores, que no sean rechazados por ese 47,6% de los ciudadanos que no se identifica con el liderazgo tradicional.

¿Qué debe hacer la oposición?
Sin duda es una quimera suponer que se utilizarán primarias para escoger a 167 candidatos. No obstante, si se puede suponer que la oposición debe realizar primarias en los 40 circuitos de votación que son salidores (es decir, en donde existe posibilidad real de llegar al Parlamento). Después de definidos los candidatos salidores se debe acordar otro método de selección para el resto de candidatos nominales, que en todo caso podría ser la selección mediante encuestas.
En el caso de los candidatos por listas (el elector no vota por un nombre y apellido, sino por la tarjeta de un partido) sería nefasto realizar primarias. Sin duda alguna en este caso debe prevalecer el acuerdo político, especialmente porque la nueva ley electoral obliga que las listas sean paritarias. Lo que significa que de 53 candidatos nominales, al menos 26 deberían ser mujeres. Me atrevo a preguntar: ¿se está dando oportunidad a esas 26 mujeres para que comiencen a realizar su compaña?
Primarias para los candidatos nominales en circuitos salidores y acuerdo para las listas no es un método único de selección. Existen múltiples variantes para escoger candidatos. El problema es que muchos líderes políticos no están dispuestos a dar este debate, algunos juegan a que pase el tiempo para poder después imponer los nombres que le gustan al partido, si le gustan o no al elector ese es otro problema.

lunes 7 de septiembre de 2009

¿Cómo hacer periodismo en un país totalmente politizado sin encasillarse en la izquierda o la derecha?

Tomando de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI)

Primero: tiene que ser un periodismo de calidad. En un país así, la población necesita con urgencia la mejor de las informaciones. La politización extrema alimenta y se apoya en la propaganda, y el periodismo suele caer en esa degradación conocida como información-propaganda, en que la información es poca y sesgada y la propaganda es mucha y agresiva.
El ciudadano que quiere ver con claridad lo que está sucediendo, acepta con avidez la información de calidad que tiene como gran distintivo, la independencia.
Segundo: tiene que ser un periodismo independiente, o sea, sin dependencia alguna respecto del poder y de los bandos o partidos en pugna. Esa imparcialidad, desde luego, no le impide al periodista tener sus opciones políticas propias, pero éstas no deben gobernar su ejercicio profesional. El buen periodismo, en efecto, tiene un carácter universal, se ejerce con la intención de comunicar información útil para todos, a los de un partido y otro, porque el papel del periodista es aportar elementos que puedan convertir la pugna partidista en un ejercicio civilizado de discusión inteligente de las razones y los hechos que sustentan la vida política. Pero este servicio solo lo pueden prestar con credibilidad, profesionales del periodismo capaces de mantener su intención de servicio al lector por encima de sus opciones personales.
Tercero: Esa independencia va a la par con una notoria transparencia con el lector; se trata de una posición de honestidad reflejada en cada acto periodístico, presidido por principios como estos:
El periodista solo escribe lo que considera cierto; y así se lo hace entender al lector: no escribo nada de lo que no esté convencido de que es cierto.
El periodista se muestra dispuesto a aceptar y respetar las convicciones que no coinciden con la suya; y así se lo hace saber a sus lectores.
Por tanto, hacer periodismo en un país radicalizado implica reunir en la propia conducta esos tres propósitos: calidad, independencia y transparencia, que dan por resultado un ejercicio periodístico que responde a las necesidades informativas de una ciudadanía abrumada por la propaganda oficial y la política.
Documentación.
Los medios masivos de comunicación están llamados idealmente a trasladar la política desde el ámbito excluyente de los gobernantes hacia el estadio llano de los gobernados, cuya expresión necesita configurarse, creciéntemente, en el ámbito de la opinión pública.
Condición ineludible de lo anterior es que la comunicación represente apropiadamente el pluralismo de la sociedad y que los flujos de información corran en todos los sentidos y direcciones y no solo de arriba hacia abajo, desde el gobierno hacia la ciudadanía.
El tema del pluralismo es crucial en este punto. En las circunstancias actuales su expresión no solo puede limitarse, ni siquiera principalmente, a la diversidad ideológica y de partidos. El pluralismo político, siendo esencial, es solo una manifestación limitada de la diversidad y complejidad de las sociedades contemporáneas.
Los medios de comunicación no cumplirían adecuadamente su rol si no incluyeran en su labor informativa a los grupos y actores que se constituyen de mil maneras en torno a funciones tales como la creación de riqueza, la educación, la salud, el manejo del medio ambiente, y el desarrollo regional o local.

José Joaquín Brunner.Comunicación y política en la sociedad democrática. En Contribuciones de Fundación Konrad Adenauer. Buenos Aires, 1996. Pp 12,13

Leopoldo y la Mesa de Unidad: por esto gana Chávez

Comienzo a sospechar que la dirigencia de oposición aspira a que Hugo Chávez gobierne otros cinco años sin contrapeso institucional en la Asamblea Nacional.
Atrapados entre sus miserias los dirigentes del antichavismo confían en que el descenso lento pero sostenido del Presidente en las encuestas les permita volver a gobernar el país. ¡Estultos! Ninguno de los dirigentes opositores parece percatarse que la Asamblea Nacional modificó el sistema político del país, ahora se requiere mucho más que ser mayoría para dominar la Asamblea Nacional.
¿Usted está en contra de la Ley de Educación?, ¿considera que la Ley de Tierras Urbanas es aberrante?, ¿rechaza el control absoluto que el Presidente tiene sobre los magistrados del TSJ o en las actuaciones de la Fiscal General? Si sus respuestas son afirmativas, entonces el origen de su preocupación se remontan al año 2005. ¿Recuerda que Leopoldo López, Henry Ramos Allup, Pablo Medina y Antonio Ledezma entre otros solemnes nombres del antichavismo le dijeron que se retiraban de la elección Parlamentaria por el bien del país?
Esa decisión, cuatro años después, ocasiona que la Asamblea Nacional apruebe en un debate express la Ley Orgánica de Educación y la Ley de Tierras Urbanas. La única fórmula que garantiza que la Ley de Educación -por citar el último ejemplo- sea revisada implica obligatoriamente que la oposición sea mayoría en la composición del próximo Parlamento. Marchas, solicitudes de abrogatorios o peticiones de reforma parcial constituyen pérdidas de tiempo.
¿La oposición quiere tener la mayoría de las curules? Sinceramente creo que no. Por favor, no se indigne con mi repuesta. No olvide que la dirigencia de los partidos le regaló hace cuatro años el control absoluto del Parlamento a Chávez. Recuerde que, por citar otro desafortunado ejemplo, la oposición les cedió el triunfo a los candidatos del PSUV en 32 alcaldías durante las elecciones del 23 de noviembre de 2008 por no lograr presentar candidatos únicos.
Eso sin contar con el efecto perverso que provocó Julio Borges en la elección para gobernar del estado Bolívar. Situación que se repitió -con otros protagonistas- en Guárico y Barinas. Esos dirigentes que hace cuatro años le regalaron el país a Chávez, esos dirigentes que hace menos de un año fueron incapaces de pactar la unidad para las elecciones regionales ahora pretenden, cada uno desde su parcela, hacerle creer a los electores que poseen el método perfecto para garantizar la derrota del chavismo en las próximas elecciones parlamentarias. ¡Mentirosos!
Según Saúl Ortega, director de Consultores 21, la popularidad de Chávez es de 40%. Lo que automáticamente hace suponer a la dirigencia de oposición -aunque esto no lo dice la encuesta- que 60% de los electores votarán por candidatos de oposición al Parlamento. Cualquiera mortal alejado del mundillo electoral venezolano podría suponer que si los candidatos del antichavismo son apoyados por 6 de cada 10 electores, la oposición dominará la próxima Asamblea Nacional. No obstante, este análisis sólo podría ser correcto si Venezuela conservara el sistema electoral de representación proporcional.
Olvidan los inconmensurables líderes de oposición que el Parlamento que se negaron a integrar en el año 2005 acaba de imponer un sistema electoral que garantiza la sobre representación de las mayoría. Supongamos que la oposición se presenta dividida en dos bloques a la elección parlamentaria de 2010.
Supongamos que el bloque capitaneado por Leopoldo López -y todos los que exhiben un discurso antipartidos- obtiene 33,33% de los votos, mientras la otra parte de la oposición, dirigida por los cogollos partidistas capitaliza 33,32% de los votos. En total 66,65% de los votos, lo que condena al chavismo -en este hipotético escenario- a un pírrico 33,35% de los votos.
Como el nuevo sistema electoral beneficia al bloque mayoritario esa votación pírrica del chavismo equivaldría a 82,93% de las curules de la Asamblea Nacional. Es decir, la oposición con 66,65% de los votos se quedaría con 4 curules ganados por los cogollos, 24 capitalizados por los candidatos Leopoldistas, mientras 136 curules serían ganados por Chávez. Aclaro, si la opción de los partidos es la que obtiene una milésima más que el bloque del ex alcalde de Chacao (33,32% vs 33,33%) entonces los leopoldistas sólo obtendrían 4 carguitos.
¿Conclusión? O se unen o le regalan el país a Chávez. Mientras la oposición (absolutamente toda la oposición) no defina 114 candidatos nominales de unidad (incluyendo a los tres indígenas) y además concrete listas cerradas idénticas para postular a otros 53 candidatos (26 tiene que ser obligatoriamente mujeres según ordena la nueva Ley Electoral) el descenso lento pero sostenido de Chávez en las encuestas es puro cuento.
Si la oposición no acuerda antes de diciembre 167 candidatos de unidad, hasta la cuarta parte de los votos será suficiente para que el chavismo vuelva a dominar el Parlamento y termine de consolidar su modelo político.
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